domingo, 24 de mayo de 2015
Fernando
- Noto que me quieres, mami, y eso me gusta. Pero lo que más me gusta es cómo me quieres.
- ¿Ah si? ¿Y cómo te quiero?
- Me quieres como toca, queriendoté primero a ti.
domingo, 22 de marzo de 2015
Para la Cátedra de Historia - Eduardo Galeano
Hace unos quince mil millones de años,
según dicen los entendidos,
un huevo incandescente estalló en medio de la nada
y dio nacimiento a los cielos y a las estrellas y a los mundos.
Hace unos cuatro mil o cuatro mil quinientos millones de años,
año más, año menos,
la primera célula bebió el caldo del mar,
y le gustó,
y se duplicó para tener a quién convidar el trago.
Hace unos dos millones de años,
la mujer y el hombre,
casi monos,
se irguieron sobre sus patas y alzaron los brazos
y se abrazaron y se entraron,
y por primera vez tuvieron la alegría y el pánico de verse,
cara a cara,
mientras estaban en eso.
Hace unos cuatrocientos cincuenta mil años,
la mujer y el hombre frotaron dos piedras
y encendieron el primer fuego,
que los ayudó a defenderse del invierno.
Hace unos trescientos mil años,
la mujer y el hombre se dijeron las primeras palabras
y creyeron que podían entenderse.
Y en eso estamos…
… y en eso estamos, todavía:
queriendo ser dos,
muertos de miedo,
muertos de frío,
buscando palabras.
(Para la Cátedra de Historia - Eduardo Galeano)
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Georg Baselitz delante de su obra “La Señora Lenin y el Ruiseñor"
¿Sabéis que Lenin ahuyentaba a pedradas a los ruiseñores? Así es, lo vi por televisión, en una película de un joven director ruso. Fotografías documentales de Lenin, con su rostro petrificado tras la apoplejía. Se lo llevaron a Crimea, a la primavera, al agua, a la luz del sol, para ver si allí se sentía a gusto. Pero los ruiseñores lo despertaban de madrugada. Una de esas madrugadas Salió precipitadamente al jardín, dispuesto a ahuyentarlos. Recogía piedras y se las arrojaba. De pronto se dio cuenta de que ya no podía levantar las piedras, ni el brazo: había quedado paralítico. Era la venganza elegante, exquisita, pero también granítica, de los ruiseñores en el gran revolucionario que no soportaba su canto.
La venganza del artista.
(Yo, otro – Imre Kertész)
Fotografía: Georg Baselitz delante de su obra “La Señora Lenin y el Ruiseñor” (Mrs Lenin and the Nightingale) 2008. La obra forma parte de la Colección Propia del Museo Guggenheim de Bilbao. La “Sra. Lenin” es, en realidad, el dictador Vladimir Illich Lenin, conocido por sus muchos disfraces, mientras que “el ruiseñor” hace referencia a José Stalin.
martes, 10 de marzo de 2015
Emily Dickinson
Emily Dickinson escribió alguna vez que no sabía definir la poesía, pero sabía lo que era poesía, cuando al leer algo sentía como si le volaran la tapa de los sesos.
Creo que rara vez se ha dado una mejor definición.
domingo, 22 de febrero de 2015
Haruki Murakami - Madeleine Peyroux
"A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir cruzándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta."
Kafka en la orilla.
Haruki Murakami
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sábado, 7 de febrero de 2015
Eterna sombra - Miguel Hernandez
ETERNA SOMBRA
Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
Ascua solar, sideral alegría
ígnea de espuma, de luz, de deseo.
Sangre ligera, redonda, granada:
raudo anhelar sin perfil ni penumbra.
Fuera, la luz en la luz sepultada.
Siento que sólo la sombra me alumbra.
Sólo la sombra. Sin rastro. Sin cielo.
Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles
dentro del aire que no tiene vuelo,
dentro del árbol de los imposibles.
Cárdenos ceños, pasiones de luto.
Dientes sedientos de ser colorados.
Oscuridad del rencor absoluto.
Cuerpos lo mismo que pozos cegados.
Falta el espacio. Se ha hundido la risa.
Ya no es posible lanzarse a la altura.
El corazón quiere ser más de prisa
fuerza que ensancha la estrecha negrura.
Carne sin norte que va en oleada
hacia la noche siniestra, baldía.
¿Quién es el rayo de sol que la invada?
Busco. No encuentro ni rastro del día.
Sólo el fulgor de los puños cerrados,
el resplandor de los dientes que acechan.
Dientes y puños de todos los lados.
Más que las manos, los montes se estrechan.
Turbia es la lucha sin sed de mañana.
¡Qué lejanía de opacos latidos!
Soy una cárcel con una ventana
ante una gran soledad de rugidos.
Soy una abierta ventana que escucha,
por donde ver tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.
Miguel Hernández
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