LLUEVE EN VALENCIA
Llueve tanto hoy en Valencia, tanto que parece que la vida se acaba.
La ciudad está taladrada de niebla y agua, de granizo a ratos. Es todo
blanco y gris y más lluvia, y frío, y casi nieve, y aguanieve, y las
casas son fantasmas, y la gente ha desaparecido, casi toda.
La cálida y fulgurante ciudad mediterránea, la más italiana urbe de
España, la más desvergonzada y libre, charlatana y colorista; la que
menos padece los rigores de la moralina, la ciudad dulcemente promiscua,
se ve sometida a una camisa de fuerza que viene del alto cielo duro de
los hielos y las tristezas.
Pero durará poco, y volverá el vivir
al aire libre. Y la luz que es tan transparente. A veces demasiado. Tan
límpida que uno añora un leve filtro de aire violeta, azulado.
Volverá el crepitar de los cuerpos y las palabras. Pero ahora, de
momento, en este día de diluvio, en esta tarde oscura y bella, disfruto
de lo desapacible. Veo llover en la plaza del Carmen, suenan las
campanas de la iglesia, los árboles están negros y empapados. Y mi
placer es legítimo porque antes he atravesado calles bajo la tromba, y
aún tengo el agua en los pantalones, en los zapatos, en la cabeza, en el
alma.
César Gavela